Hace algunos meses que nos decidimos a organizar algo para Semana Santa, con Diana, Antonio y los peques, en la línea de nuestra escapada hace casi un par de años al Jerte.
A Diana le apetecía visitar el Parque de Cabárceno, que yo tampoco conocía, y nos pareció un gran plan para ir con los peques.
Así que buscamos casita en los alrededores, y encontramos una con mucho encanto en Villanueva de Villaescusa, a escasos dos kilómetros del parque, y cerquita del resto de pueblos conocidos de Cantabria.
La salida la hicimos el jueves. Diana y Antonio algo más madrugadores, y nosotros algo menos, pero sin librarnos ni unos ni otros de las retenciones.
Son aproximadamente 4 horas de viaje, que con el atasco se convirtieron en 5 tanto a la ida como a la vuelta.
Por la tarde ya estábamos en el hotel, en un pueblito chiquitito, y con mucho encanto rural. El hotel, la Casona Dos Lagos, se llama así precisamente por los dos lagos que tiene en su interior, alrededor de los cuales viven unas cuantas familias de patos y de ovejas.
La casona es perfecta para ir con peques porque tiene un gran jardín con sillas y mesas para estar tranquilos, mucho césped y muchos juguetes e incluso columpios para los peques.
Este primer día no hacemos mucho más que disfrutar de la casa, e incluso cenamos en la casa, unas hamburguesas que nos traemos del bar que hay junto al hotel.
Día 2: Cabárceno
Tenemos cogidas nuestras entradas por internet para tratar de evitar al máximo las colas, lo que poco nos sirve, pues resulta que hemos elegido el peor día del año para visitar el parque.
Salimos del hotel en torno a las 10 para recorrer los escasos 2 kilómetros que nos separan del parque, y que nos lleva recorrer 2 horas! La organización del parque ante estas multitudes es pésima. En torno a las 11 un coche comienza a anunciar el cierre del parque con la excepción de la compra on line, que es nuestro caso, y del resto del 95% de los coches que están en el atasco con nosotros, así que continuamos nuestra espera para entrar.
Cuando por fin lo logramos, aparcamos según entramos para dar de comer a los peques y ver el primero de los espectáculos, el de los leones marinos. La gente dentro es completamente desproporcionada, el parking una locura, y ver el espectáculo aún mas. Finalmente algo vislumbramos desde lo alto de una montaña, aunque los más peques poco se enteraron. Tras comer los peques, y nosotros (por suerte hemos aprovechado el atasco para comprar unos bocatas en una tienda del camino, bastante más contundentes que los que venden en el parque), continuamos (o casi empezamos) nuestra marcha.
El resto del día continúa como empezó... una locura de gente en cada una de las paradas que tratamos de hacer, lo que resulta en que nos dejamos muchos animales sin poder ver. Vemos osos, tigres, un gorila, jirafas y avestruces, llamas... otros muchos los vemos en la distancia en la que tratamos de llegar al espectáculo de las rapaces a las 17.30, que desde casi las 17 está también bastante a tope (aunque es más fácil encontrar sitio).
Acabado el espectáculo decidimos volver a tomarnos con relax lo que queda de tarde, en el hotel y sin gente a nuestro alrededor.
La cena la hacemos en el restaurante, donde todo está bastante bueno, y son muy agradables.
Día 3: Comillas y San Vicente de la Barquera
Después de la experiencia del día anterior optamos por ir a Comillas y tomar el día con tranquilidad. Así que nos ponemos de camino y visitamos en primer lugar su puerto y playa. Picamos unos pinchitos en uno de los bares (La Perla Negra) y paseamos un rato por la playa.
A continuación vamos hacia el centro, y optamos por comer en las Filipinas, recomendación de mi amiga Chus, que conoce mucho la zona, y que además anda por allí y se pasa a saludar. Después de comer, seguimos la visita por el centro histórico, y luego la zona del Capricho de Gaudí, que tiene unas vistas muy bonitas de la Universidad.
Como aún es pronto, decidimos ir a tomar un helado a San Vicente de la Barquera, y dar un paseíllo por allí. Está bastante más concurrido que Comillas, así que aparcamos en el parking, pero hasta el paseo resulta más desagradable por lo estrecho de las calles y la cantidad de gente, aunque el día se ha despejado, y está todo muy bonito.
A media tarde tiramos ya hacía el hotel donde cenamos las cositas que trajo Diana tranquilamente en casa.
Con los peques nos retiramos todos pronto, con la idea de salir pronto al día siguiente, y dar por concluido la breve escapadita de Semana Santa.



















