Nuestro planning para el día de hoy tiene como objetivo la visita de Arashiyama (bosque de bambú a las afueras de Kyoto) antes de marchar a nuestro siguiente destino: Osaka.
Al final, y aunque salimos pronto, nos liamos un poco en la estación entre dejar las maletas en las consignas (ya no volvemos a la casa de Kyoto) y encontrar las vías en esta enorme estación. Por suerte está realmente cerca, a tan sólo 6 paradas (15 minutos) del centro de Kyoto.
Vamos directos al bosque desde la estación, dando un paseo tranquilamente por el bosque, que no es muy grande, y sus alrededores.
Vamos directos al bosque desde la estación, dando un paseo tranquilamente por el bosque, que no es muy grande, y sus alrededores.
Hay algunos templos pero en la línea de los que hemos visto pero más pequeños, por lo que optamos por no entrar en ninguno (todos son pagando)
La zona es tranquila y agradable, aunque con bastante gente en la zona del bosque.
Subimos también, cruzando un puente, al parque de los monos (macacos). Entrar cuesta 500 yenes y el principal atractivo son precisamente los monos que allí viven en libertad y que bajan a estar con los humanos a cambio de un poco de comida.
Lo curioso es que para darles de comer eres tu quien ha de entrar en una especie de jaula y dársela desde allí.
Arashiyama no tiene mucho más que ver, así que decidimos marchar hacia Osaka donde solo tenemos previsto pasar esa tarde y llegar antes puede venir bien. Una mañana es mas que suficiente (de hecho creo que dos o tres horas también son de sobra).
Volvemos a Kyoto a coger maletas y de allí a Osaka, a tan solo media hora aproximadamente. Decidimos ir primero al hotel a dejar las maletas así que cogemos la Loop Line que nos acerca mucho. Ya en Osaka aprovechamos que estamos en la estación para reservar los asientos para el tren del día siguiente a Hiroshima.
El hotel está bastante bien. Se llama Hotel Keihan Kyobashi, y nos cuesta, por una habitación doble y una cuádruple 29.000 yenes (240 euros aprox). Es limpio y amplio para lo que se estila en Japón.
Para comer aprovechamos el embutido que nos llevamos desde Madrid, y nos preparamos unos bocatas en la plaza del enfrente del hotel, ante la atenta mirada de todos los japoneses que por allí pasaban.
Con los estómagos llenos nos vamos directos y con prisa al Castillo a ver si llegamos antes de que cierren. Lo conseguimos por los pelos porque cierran a las 4.30 y son las 4.25. El castillo es bastante bonito, aunque lo mejor son los alrededores y las vistas por fuera del Castillo. La entrada cuesta 600 yenes. Aunque cierran para que no entre más gente, nos dan tiempo suficiente para verlo antes de hacer a la gente salir (de hecho nos vamos antes, con lo educados que son no sabemos si llegan a invitar a la gente a irse o esperan pacientemente al último).
Después del ver el Castillo barajamos acercarnos al centro para ver aquella zona, pero estamos cansados y sin muchas ganas de andar hasta allí, por lo que optamos por tarde de cerves y callejeo por los alrededores que al final resulta tener también bastante encanto.
Para cenar probamos varios platos de todo tipo al estilo raciones.


























