miércoles, 2 de octubre de 2019

Pirineos - Benasque

Día 1: rumbo a Benasque

Este año hemos decidido probar en la montaña, así que hemos cargado el maletero de maletas, carro, cuna, y mochilas de porteo, junto al básico de juguetes, y nos hemos puesto rumbo a Benasque.

Nosotros no somos de los que nos levantamos temprano con la esperanza de que nuestros hijos continúen durmiendo el resto del viaje, porque los nuestros no son de esos. Así que somos más de levantarnos con calma, rematar maletas, coger fuerzas con el desayuno, y marchar mas cerca de las 11 que otra cosa. Para esa hora, con los madrugones característicos de nuestros hijos es extraño si Emma no se duerme en los primeros minutos de meneo.

Esta vez terminaron cayendo los dos, y así del tirón hasta Huesca, donde paramos a comer antes de afrontar el ultimo tramo, y mas pesado, al ser puerto. Allí comimos maravillosamente de forma inesperada en el restaurante Punto 24 horas, del Centro Comercial Carrefour. El restaurante tenía hasta parque, aunque a esas horas era casi imposible aguantar en él por el sol. Comimos las primeras longanizas y escalibadas del viaje, espectaculares, y en cantidad. Estaba muy bien de precio, de no ser por el menú infantil, por mas de 8 euros (eso si, para que coman 2 o 3 niños del mismo menú).


Con el estomago lleno, y habiendo trasteado los niños un ratito para estirar las piernas, volvemos a montar al coche ya del tirón a Benasque. 

Nuestro destino son los apartamentos Linsoles pero tenemos que pasar por Benasque a recoger las llaves. Es un trámite rápido, para el que no hace falta ni bajar a los peques del coche.

Con las llaves, volvemos hacia Linsoles, que está a unos 5 minutos en coche, en busca del apartamento. La casa está genial, de no ser por la plaza de garaje, y el aparcamiento en si, que tiene una extraña configuración y resulta bastante difícil tanto aparcar el coche como circular en él. Por suerte, no tenemos a nadie en las plazas de al lado los días que estamos y podemos dejar el coche un poco "expandido". De estar lleno, no sé que habríamos hecho.



Descargamos y dedicamos lo que queda a los niños, y a conocer las zonas comunes y la piscina, donde por suerte Dani hace una amiguita y desfoga un ratito, que merecido está después de todo el día de viaje.


Para cenar, no hay nada en los alrededores, y no tenemos nada comprado, así que vamos al pueblo. Es sábado y está un poco agobiante de gente. Al final cogemos mesa en el bar Gijón, junto a un parque, y allí cenamos razonablemente.


Día 2: Cerler

No hemos tenido tiempo de pasar por la oficina de turismo de Benasque, pero optamos por subir a Cerler que tiene su propia oficina, y pasar el día por allí. Sin embargo, es domingo, y la oficina de Cerler no abre en domingo.

Es temprano así que desayunamos en un bar que hay junto a una pequeña explanada y el "centro comercial", de la que nos hablaron los vecinos de ayer, mientras los niños juegan un poco y nosotros decidimos qué excursión hacer sin mucha información.

Por suerte, la gente allí es encantadora y entre otras opciones, nos decantamos por subir a la estación de esquí para tomar el telesilla.


Cogemos un ticket familiar por 59 euros, que incluye la comida al bajar del telesilla, para los cuatro (carne a la barbacoa para los mayores y hamburguesas para los peques, bastante aceptable, con mención especial a la sangría).

El telesilla, apodado del amor, porque va tan despacito que si subes con un desconocido te da tiempo a enamorarte cuando llegas arriba, no es apto para todos los públicos con peques de la edad de los nuestros. Es media hora para subir y otra para bajar. Emma va en mochila en una silla y Dani sentadito con un mayor en otra. Impresiona porque a pesar de ir despacito, y de que nuestros chicos son unos benditos y todoterreno para estas cosas, la subida es bestia, y los peques impredecibles. Que cada uno juzgue si los suyos aguantarían. 





Los nuestros se portaron genial viendo cositas, buscando marmotas (que no encontramos), y aguantaron bastante bien. Una vez arriba, hacemos fotos del Aneto, y nos acercamos a un mirador desde el que se ve Benasque pero no iniciamos ninguna ruta. Volvemos y comemos en la estación tranquilamente que hay poca gente y se está muy agusto.





La tarde la hacemos tranquila en la refrescante piscina a 21 grados del apartamento, lo que viene muy bien porque Dani tiene unas décimas.

Nos acercamos a por algo de compra y optamos por hacer plan en casa para que Dani se recupere, y en la piscina y alrededores los dos lo pasan genial el resto de día.


Día 3: Llanos del Hospital

Hoy nos vamos a Llanos del Hospital a desayunar con la intención de subir al Forau de Aiguallut, que es una sima por la cual desaparecen las aguas del deshielo del glaciar del Aneto, volviendo a aparecer en el Valle de Arán.

Según llegamos al parking del hotel, nos encontramos a nuestros vecinos Luis y Pilar, que andan pasando por allí un par de días, y desayunamos con ellos, que nos quitan las ganas de hacer la ruta, por la dificultad, por el tiempo, y porque es un poco tarde al tomarlo con calma estando con ellos.



Llanos del Hospital es el hotel, que era un antiguo hospital, pero desde allí salen muchas rutas, así como la carretera que sube a Besurta, que en verano esta cortada, y sólo se permite subir con el autobús.


Deshechada por hoy la idea de subir a Aiguallut, optamos por volver, y coger la carretera a la derecha, que es una carretera cortada, con el objetivo de tratar de ver marmotas, que suele ser fácil, aunque hoy tampoco lo conseguimos.



Nuestra siguiente parada es el Hotel Turpi, en el desvío de los baños a Benasque, de donde sale la ruta de las Gorges de Alba, que es una cascada bastante bonita y accesible con niños. La ruta puede enlazarse con otras, como la del Botánico. Dani llegó a las cascadas andando tras aproximadamente 45 minutos (se supone que la ruta es de 20 minutos) por lo que decidimos no continuar y volver por donde hemos venido.









Hacemos un picnic junto a la cascada antes de retomar la vuelta al hotel donde hemos dejado el coche y tomamos un café y un heladito con los peques, con unas vistas maravillosas del valle y de los baños. Nos dejamos pendiente bajar al río que tiene pinta de ser bonito y agradable con niños, pero preferimos volver y tener tarde tranquila.


Cenamos en Benasque en una pizzeria.


Día 4 Lluvia en Benasque y embalse de Eriste

Tal y como venían avisando las predicciones meteorológicas, lleva lloviendo toda la noche y así sigue cuando nos levantamos, así que optamos por pasar el día en Benasque.

Desayunamos (caro) en el Hotel Ciria, y justo cuando salimos, una mujer muy agradable nos recomienda ir al polideportivo, que en días de lluvia está abierto para que los niños puedan jugar.  Así que nos dirigimos por allí, pasando antes por la Biblioteca, que esta cerrada, porque solo abre de lunes a jueves de 5 a 8.

Justo antes de llegar al polideportivo nos encontramos con un pequeño mercadillo que ponen los martes, con puestos varios, y un puestecillo con pollos asados para llevar. Pero ojo, hay que reservar el pollo o te quedas sin, que es lo que nos pasó a nosotros cuando salimos del poli a la hora de comer.


En el poli encontramos muchísimo ambiente, y juegos organizados, aunque los niños son algo más mayores. Por suerte, una familia nos deja una pelota y podemos echar la mañana con estos allí mientras deja de llover, dando pasado a un sol esplendido.

A falta de pollo, comemos en Benasque, y ya con las tripas llenas volvemos a casa a echar la siesta.

Por la tarde, por suerte, ya no llueve más, y nos acercamos al embalse de Eriste a dar un paseo con la bici de Dani. Vamos hasta allí por la carretera, aunque después descubrimos que hay un camino que sale por detrás de Linsoles, sin coches. Aunque por el camino de la carretera nos encontramos con una panda de ovejas que alegran a Dani y Emma.


El camino hasta la presa es llano y apto para todos los públicos, con carros, y con bicis. También hay una zona para alquilar canoas aunque en el embalse hay poco que hacer.





La vuelta la hacemos por el camino de detrás, que también es el camino que llega a Anciles, aunque nosotros decidimos dosificar.


Día 5 Forau de Aiguallut

Hoy nos toca madrugar para llegar pronto al autobús que sube a Besurta para hacer la ruta hasta Aiguallut, pero como era de prever se nos ha dado mal, y Dani hoy se ha levantado muy tarde, y nosotros con el para aprovechar. 

Preparamos las cosas para la ruta, y desayunamos de camino en el Mesón de Benasque.

Cuando llegamos al desvío de Hospital de los Llanos es tan tarde (11.30) y hay tanta gente que lo han cortado y sólo pueden ir los que van al hotel (que luego vemos que hay gente que va hasta el hotel a aparcar y luego para al autobús, lo cual me parece fatal pero con niños de haberlo sabido me lo hubiera planteado). Nos dan la opción de seguir hacía arriba y dejar el coche donde podamos que no moleste, con la "suerte" de que hay justo un sitio en el propio desvío.

Dejamos el coche, y andamos hasta el parking donde se coge el bus (casi 20 minutos, algo más de un kilómetro) con niños en mochilas.



En la parada del bus nos encontramos una buena cola y un bus que se va hasta la bandera. El siguiente sale media hora después y entramos por los pelos. Cuesta 5,20 euros por persona, ida y vuelta.

Llegamos arriba pasada las 13 horas, y empezamos la ruta, con mochilas de niños y comida a cuestas.

La ruta es muy bonita y merece la pena, aunque tiene una subidita que con los niños encima hace que piquen las piernas! Su duración estimada es 50 minutos, aunque nosotros tardamos aproximadamente hora y media hasta arriba, con Dani andando más o menos la mitad de la ruta.

  




  


Una vez arriba, tras pasar la cascada, hay una explanada con el agua del deshielo del Aneto. A pesar de que es un día de calor, y hace solecito, allí arriba se nota el fresco. Y el agua está bastante fría.


Allí comemos, descansamos, y jugamos, y emprendemos de nuevo la bajada, con niños de nuevo en mochila, que se duermen al instante. Así, la bajada la hacemos bastante más rápido. Por primera vez en el viaje conseguimos ver marmotas (y a una familia acosándolas), aunque los niños van dormidos y se lo pierden.








Cuando bajamos vuelve  a haber una cola importante para el bus. Por suerte, hay un chiringuito donde comprar una bebida o sentarte un poco. Desde el parking, optamos por subir uno a por el coche para ser más rápidos, así que subo en una carrera y bajo a recogerles de vuelta a Benasque, donde cenamos, un poco antes de lo habitual, para volver a la calma en casa después de todo el día.