Dinamarca llegó a nuestros planes por una carrera.
El objetivo inicial era correr la Media Maratón de Copenhague, pero ya que íbamos hasta allí… ¿por qué no convertirla en la excusa para montar un viaje familiar?
Y así acabamos organizando siete días por Dinamarca entre Billund y Copenhague, con LEGO, castillos, parques acuáticos, carreteras, una media maratón y unos cuantos trolls gigantes de Thomas Dambo que, casi sin pretenderlo, terminaron convirtiéndose en el hilo conductor del viaje.
Este es nuestro diario de esos siete días. Sin demasiada prisa —bueno, eso es discutible— y con bastantes más kilómetros de los inicialmente previstos.
DINAMARCA EN 7 DÍAS
Día 1. Miércoles 16 de septiembre — Aterrizamos en Dinamarca… y empezamos buscando trolls 🧌
Y por fin llegó el viaje a Dinamarca.
Un viaje que, en teoría, tenía como objetivo principal correr la Media Maratón de Copenhague el domingo. Pero como últimamente somos incapaces de organizar un viaje alrededor de una carrera sin acabar añadiendo carreteras, parques temáticos, castillos, muñecos gigantes escondidos en bosques y unos cuantos kilómetros extra, aquí estábamos.
Primera misión: encontrar trolls 🧌
Uno de ellos, Bitten Røverdatter, estaba prácticamente en nuestra ruta.
Así que…
¿para qué dejar para mañana el troll que puedes buscar hoy?
La verdad es que desde el parking marcado nos costó muy poco encontrar al primer troll que nos esperaba agazapado tras un árbol.
| [Bitten Røverdatter] |
La parada nos gustó tanto que decidimos seguir para ver también el segundo troll que teníamos previsto visitar el viernes.
Este estaba un poco más lejos y un poco más escondido, a pesar de ser más grande, pero pudimos dar con él gracias al Trollmap de la web.
Y así, habíamos reorganizado el viaje: dos trolls tachados de la lista y el viernes liberado para hacer otras cosas.
Llegada a Billund 🧱
Después de trolls, tráfico, coche y unas cuantas horas de viaje llegamos por fin a Lalandia Billund, donde teníamos nuestra base de operaciones: la cabaña 272.
Billund es un sitio curioso. Todo parece girar alrededor de LEGO y de familias con niños. LEGO House, LEGOLAND, Lalandia…
Antes de instalarnos en la cabaña hacemos algo de compra en Rema 1000 para la cena, que vamos cansados, ya está todo cerrado y así no salimos más.
El check-in se realiza en un edificio bastante peculiar, con cielo artificial, bares y restaurantes y otras cosas sorprendentes como un parque acuático gigante que exploraremos mañana.
La cabaña es enorme y el sitio espectacular, aunque por las horas ya no lo exploramos más.
No había empezado mal Dinamarca: Dos trolls gigantes encontrados, kilómetros de carretera y primera noche en Billund.
Y al día siguiente tocaba meternos de lleno en el universo LEGO.
Día 2. Jueves 17 de septiembre — LEGO House: mucho más que construir con piezas 🧱
Hoy tocaba uno de los platos fuertes para Dani y Emma: LEGO House.
Nosotros pensábamos que sabíamos más o menos a qué veníamos.
Spoiler: no.
😂
Entramos por la mañana y lo primero que descubrimos fue que LEGO House no es exactamente un museo ni exactamente un parque. Es una especie de gigantesco laboratorio LEGO en el que prácticamente todo consiste en hacer cosas.
Construir.
Probar.
Desmontar.
Volver a construir.
Y perder completamente la noción del tiempo.
Un poquito de historia antes de empezar a jugar
Empezamos por la parte más “museo”, la History Collection, donde se cuenta cómo una pequeña empresa familiar de Billund terminó convirtiéndose en una de las marcas de juguetes más conocidas del mundo.
Aquí están los LEGO antiguos, la evolución de las piezas y un montón de sets que provocan inevitablemente el:
—¡Yo tenía ese!
O, en nuestro caso, probablemente:
—¡Eso existía cuando mamá era pequeña!
😂
Después pasamos junto al enorme Tree of Creativity, construido —cómo no— con millones de piezas LEGO, y a la Masterpiece Gallery, donde se exponen construcciones espectaculares hechas por aficionados.
| Tree of Creativity |
Y entonces empezó el verdadero peligro.
Las zonas de experiencias.
Zona roja: construye lo que quieras ❤️
La primera en atraparnos fue la zona roja.
Mesas y mesas llenas de piezas para construir prácticamente cualquier cosa.
Casas, animales, inventos imposibles…
Nosotros empezamos tranquilamente construyendo casas.
Una hora después seguíamos allí.
😂
Ese fue el momento en que comprendimos que quizá nuestro cálculo de tiempos para LEGO House había sido ligeramente optimista.
Y todavía quedaba media LEGO House
Cuando conseguimos abandonar la zona roja seguimos explorando las demás áreas: la azul, más centrada en poner a prueba nuestras construcciones y hacer carreras con nuestros vehículos; la verde, donde las creaciones cobran vida y se convierten en historias y tenemos que ayudar a unas abejas a hacer miel plantando flores con unos robots; y la amarilla, dedicada a experimentar con emociones, animales y creatividad, en la que nuestras creaciones se convierten en robots bailongos y los peces se ponen a nadar en el fondo del mar.
Lo divertido de LEGO House es precisamente eso: los niños no van mirando vitrinas mientras los padres les dicen “no toques”.
Aquí la norma parece ser exactamente la contraria:
toca, construye, prueba y vuelve a empezar.
Y eso hace que las horas vuelen.
De millones de piezas LEGO… al bañador 💦
Pero nosotros teníamos un problema.
Habíamos decidido intentar meter LEGO House y Aquadome en el mismo día.
Porque claramente visitar tranquilamente un sitio era demasiado sencillo.
😂
Así que hubo que mirar el reloj, negociar el momento de abandonar LEGO House y poner rumbo otra vez a Lalandia.
Pero antes comemos en la food court de Lalandia unos fish and chips bastante decentes y no tan caros, según iremos comprobando el resto del viaje.
En los 15 minutos que tardamos en pedir y en traer la comida, estos se meten en el Monkey, que está al lado y vacío, y lo recorren varias veces.
Porque evidentemente todavía les quedaba energía.
Porque evidentemente todavía les quedaba energía.
Aquadome 🛝
El Aquadome de Lalandia es un enorme parque acuático cubierto, algo que en Dinamarca empieza a parecer bastante más lógico que un parque acuático al aire libre.
Toboganes, piscinas, zonas infantiles y unas cuantas horas para terminar de gastar la energía que inexplicablemente Dani y Emma todavía conservaban.
El parque estaba prácticamente vacío y pudimos subir y bajar de todos los toboganes varias veces.
Wild River fue uno de los favoritos: larguísimo, con parte del recorrido por fuera y en el que nos podíamos tirar todos juntos.
Twister, con flotadores dobles y en el que dabas alguna que otra vuelta, se situaba en segundo lugar.
Había muchos más: donuts, alfombras… y otro de los ganadores: los jacuzzi-piscina que salen al exterior.
Salimos ya a última hora de la tarde, cansados y con esa sensación de haber metido aproximadamente tres días en uno.
Pero a estos aún les quedan ganas para pasar por el parque de Tarzán a descubrir su tirolina y el globo gigante sobre el que saltar.
Rematamos cenando unas burgers en Café B, más caro que por la mañana pero bastante bien de calidad y cantidad.
Ya con poca energía nos retiramos a nuestra cabaña.
Que mañana toca…
¡LEGOLAND! 🧱🎢
Día 3. Viernes 18 de septiembre — LEGOLAND, trolls y una tarde improvisada en Odense 🎢
Después de nuestro día de estreno en Billund, hoy tocaba uno de los platos fuertes del viaje.
Y probablemente EL plato fuerte si preguntamos a los niños:
LEGOLAND. 🧱🎢
Habíamos mirado la aplicación la noche anterior, estudiado las atracciones, las alturas, cuáles podían ser demasiado fuertes para Emma y hasta por dónde convenía empezar.
Porque nosotros también somos de los que vamos a un parque temático con los deberes hechos.
Un día entero entre piezas LEGO 🧱
Por suerte, el tiempo nos dio bastante tregua y pudimos dedicar buena parte del día al parque.
LEGOLAND es exactamente lo que uno espera y, al mismo tiempo, bastante más.
Hay atracciones, montañas rusas, agua, zonas de aventura… pero para mí una de las cosas más chulas es simplemente ir descubriendo todo lo construido con LEGO.
Miniland merece especialmente la pena: ciudades, puertos, aeropuertos, monumentos y miles de pequeñas escenas en las que podrías estar un buen rato buscando detalles.
Sin ponerme aquí a enumerarlas todas… decir que Polar fue la elegida por todos como la más divertida, seguida de Extreme Racers.
Dragon fue nuestro estreno y la de Emmet, un poco decepción y mareosa.😂
Tuvimos mala suerte y la nueva atracción de 2026 estaba cerrada y no la pudimos probar.
Y no hubo ninguna con la que Emma no se atreviera…
Después de unas cuantas horas de parque y de repetir casi todas aprovechando que no había nada de colas en ninguna atracción, tocaba despedirnos de Billund.
Nuestro destino para dormir era Nyborg, pero todavía nos quedaba tarde y decidimos aprovechar el camino.
Porque ir directamente al hotel habría sido demasiado fácil.
Vuelven los trolls 🧌
Y aquí volvieron a aparecer nuestros nuevos amigos daneses: los trolls de Thomas Dambo.
Lo curioso es que los trolls, que inicialmente iban a ser casi una actividad secundaria del viaje, se nos han ido colando poco a poco en la ruta y se han convertido en una especie de búsqueda del tesoro familiar.
Están escondidos en bosques y parajes naturales, construidos fundamentalmente con madera reciclada, y llegar hasta ellos forma parte de la gracia.
Hoy hicimos otra parada troll antes de continuar hacia Odense.
Una tarde improvisada en Odense
Y Odense terminó siendo una de esas visitas que no estaban entre los grandes imprescindibles del viaje pero que encajan perfectamente cuando viajas en coche.
Aparcamos y nos fuimos a dar una vuelta por el centro.
Odense es la ciudad de Hans Christian Andersen, así que todo gira de alguna manera alrededor del escritor: casitas bajas, calles peatonales, rincones que parecen sacados de un cuento y referencias a sus historias.
No entramos en el museo —nuestro objetivo era simplemente pasear un rato y estirar las piernas después de LEGOLAND— y creo que fue una buena decisión.
Después, carretera hasta Nyborg, nuestra última noche con coche antes de llegar a Copenhague.
Llegamos buscando básicamente dos cosas:
cenar y dormir.
Cenamos en Asian Restaurant sin una protesta, lo que es todo un acierto con lo cansados que están hoy estos.
Mañana toca castillo, devolver el coche, recoger mi dorsal y empezar nuestra aventura en Copenhague.
Día 4. Sábado 19 de septiembre — De castillo de cuento a Copenhague… y mañana se corre 🏰🏃♀️
Nos levantamos en Nyborg con un objetivo bastante claro: visitar Egeskov Slot por la mañana y salir de allí sobre las 12:00-12:30 para llegar a Copenhague con margen suficiente para devolver el coche, instalarnos en el hotel y recoger mi dorsal antes de las 6, que cierra la feria, y evitando los cortes de tráfico con motivo de las diferentes carreras de hoy. Aún con eso me da tiempo a salir a trotar un poco antes por Nyborg y explorarlo sin mucho que descubrir por allí más que su playa.
Egeskov: un castillo de cuento 🏰
Egeskov mereció muchísimo la pena aunque nos hiciera retroceder un poco en el camino.
El castillo parece literalmente sacado de un cuento: rodeado de agua, perfectamente conservado y en mitad de unos jardines enormes.
Pero además tiene algo fundamental cuando viajas con niños:
no es solo un castillo.
Empezamos explorando los jardines y el laberinto antes de entrar al interior.
Y entre una cosa y otra descubrimos que aquí se podría pasar prácticamente el día entero.
Aunque yo sí lo miraba.
😂
Destacar la colección de coches antiguos, que dejó a Juanlu bastante boquiabierto.
Finalmente dejamos Egeskov y pusimos rumbo a Copenhague.
Adiós al coche. Hola, Copenhague
Después de varios días recorriendo Dinamarca en coche, llegar a la capital supuso un cambio absoluto de escenario.Primero tocaba llenar el depósito, después devolver nuestro SIXT y, a partir de ese momento, olvidarnos definitivamente del coche.
Objetivo conseguido.
De allí nos fuimos al CABINN Scandinavia, dejamos las cosas y descubrimos que había otro pequeño detalle pendiente: no habíamos comido.
Así que antes de seguir nos fuimos a por unos sandwiches en Petit, muy cerca del hotel y de la feria.
Y después sí.
Operación dorsal 🏃♀️
Rumbo al Forum Copenhagen, donde estaba la feria del corredor y donde por fin recogí el dorsal de la Copenhagen Half Marathon.Dorsal en la mano.
Ahora sí.
Mañana corro.
❤️
Primera tarde en Copenhague
Después de recogerlo todavía nos quedaban ganas de conocer Copenhague, así que en vez de volver al hotel decidimos aprovechar la tarde.
Nos acercamos hasta Rosenborg, uno de los castillos más conocidos de la ciudad, rodeado por los jardines de Kongens Have, y desde allí seguimos caminando por el centro con la ambiciosa idea de llegar incluso hasta la Sirenita.
Porque nosotros somos así: después de varios días caminando por Dinamarca y con una media maratón al día siguiente, mi brillante idea era seguir haciendo kilómetros.
😂
Pero Copenhague decidió intervenir.
Empezó a llover.
🌧️
A pesar del agua, el cansancio acumulado y unos niños que directamente ya no podían más, llegamos a la Sirenita.
Y volvemos, vía Amalienborg, hasta Kongens Nytorv, donde tomamos el metro hasta el hotel, destino Forum.
Pero ya estamos en Copenhague.
Tengo el dorsal.
Las zapatillas están preparadas.
Y mañana, después de meses entrenando, toca correr la Copenhagen Half Marathon.
No sé qué saldrá.
Pero correr por las calles de esta ciudad, después de llegar hasta aquí con Juanlu y los niños y convertir la carrera en la excusa perfecta para montar otro viaje familiar, ya hace que merezca la pena.
Mañana: 21,097 kilómetros por Copenhague.
Día 5. Domingo 20 de septiembre — 21 kilómetros por Copenhague 🏃♀️
Hoy el viaje tenía una protagonista clara.
Después de LEGO, castillos, trolls, kilómetros de coche y unos cuantos cambios de hotel, tocaba el principal motivo que nos había llevado hasta Dinamarca:
correr la Media Maratón de Copenhague.
Desde nuestro hotel, el Cabinn Scandinavia, tocaba llegar hasta la zona de salida, a algo más de 2 km, por lo que opté por ir trotando.
Yo salía en el cajón gris y había quedado con Marta, en torno al meeting point, para correr juntas.
Copenhagen Half Marathon 🏃♀️
Y a correr.21,097 kilómetros por Copenhague.
En los que ya no sé ni por dónde voy entre giros y gente animando.
Los míos me animaron en los kilómetros 4, 10 y 19.
¡Convalidada también esta media para ellos!
😂
Una cosa está clara: correr es también una forma maravillosa de conocer una ciudad y, de paso, en este caso, conocer más a Marta, con conversación non stop durante toda la carrera.
Durante casi dos horas, las calles fueron nuestras.
Y después de cruzar la meta, tocaba volver al modo viaje familiar.
Operación: salir de la carrera 😅
Con miles de corredores terminando a la vez, aquello era un pequeño caos.
Nuestra primera idea fue coger el metro en Trianglen, pero estaba tan abarrotado que desistimos rápidamente.
Así que hicimos lo que mejor sabemos hacer en este viaje: andar.
La misión inmediata era encontrar un sitio donde comer y alejarnos un poco del mogollón. Barajamos coger la M3 hacia Frederiksberg, pero entre estaciones llenas, cansancio y hambre terminamos encaminándonos poco a poco hacia el hotel.
Sin contar con que, de repente, el tiempo cambió y empezó a jarrearnos sin tener dónde resguardarnos.
Finalmente nos escondimos en un pequeño kebab, donde comimos y esperamos a que pasara la tormenta.
Tarde de Copenhague: ahora sí, a hacer turismo
Después de recuperar algo de energía, volvimos a lanzarnos a la ciudad.
Nuestro objetivo para la tarde era uno de esos planes que teníamos clarísimo que queríamos hacer en Copenhague: verla desde el agua.
Llegamos hasta Nyhavn, con sus fachadas de colores, los barcos y ese ambiente que hace que, por muy turístico que sea, siga siendo uno de los lugares más bonitos de la ciudad.
Conseguimos billetes para el barco de las 17:30, así que todavía tuvimos tiempo de buscar algo para tomar antes de embarcar.
Y entonces empezó una de esas visitas que permiten descansar las piernas sin dejar de conocer la ciudad.
Después de todos los kilómetros acumulados —y especialmente los de esa mañana—, pocas cosas podían apetecer más que sentarnos durante una hora mientras Copenhague desfilaba delante de nosotros.
Canales, puentes, edificios históricos, zonas modernas y algunos lugares que ya habíamos recorrido a pie vistos ahora desde otra perspectiva.
Y sí: también volvimos a encontrarnos con la Sirenita, aunque a esas alturas ya podíamos decir que la teníamos más que vista. Eso sí, todo más soleado que el día anterior.
😜
¿Y Tivoli? 🎡
Nuestro plan inicial era terminar el día en Tivoli.
Nos parecía perfecto verlo al atardecer y quedarnos hasta que se encendieran las luces.
Pero después del barco la realidad era otra.
Estábamos por la zona de Amalienborg/Kongens Nytorv, los niños estaban cansados, era un poco tarde, yo llevaba una media maratón más todo el paseo posterior en las piernas y Tivoli todavía suponía seguir caminando.
Así que hicimos algo que no siempre se nos da especialmente bien viajando:
renunciar a un plan.
—Mañana vamos.
Spoiler: esta decisión tendrá consecuencias. 😂
Porque lo que todavía no sabíamos era que ese domingo era precisamente el último día de la temporada de verano de Tivoli.
🤦♀️
Paseamos un poco más hacia el centro y decidimos coger unos pokes para llevar y comer en el hotel.
Los cogemos en Copoke y desde allí ya volvemos con otro paseíto, dando por acabado un día intenso.
Después de la media maratón de ayer, hoy tocaba seguir haciendo turismo como si mis piernas no tuvieran nada que decir al respecto.
Nuestro plan era salir de Copenhague y acercarnos hasta Helsingør para visitar el castillo de Kronborg.
Llegamos a Nørreport con intención de coger el tren de las 10:00.
No pudo ser.
Algún problema con los trenes hizo que perdiéramos ese y que el siguiente también fuera acumulando retraso, pero finalmente, sobre las 10:35, conseguimos ponernos en marcha.
Y un rato después llegábamos a Helsingør.
Desde la estación fuimos caminando hacia Kronborg, con el castillo apareciendo poco a poco junto al mar.
Kronborg es uno de esos sitios en los que la ubicación forma parte completamente de la visita. Está prácticamente pegado al estrecho de Øresund y desde allí Suecia parece estar a tiro de piedra.
Y además es el castillo de Hamlet.
Bueno.
Más exactamente, el castillo que Shakespeare convirtió en Elsinore, escenario de Hamlet.
Así que tocaba entrar.
Recorrimos el castillo planta por planta, salones, habitaciones y estancias reales, intentando seguir un orden razonable aunque en algún momento no teníamos demasiado claro si estábamos en la primera planta, en la segunda o cómo habíamos llegado exactamente hasta allí.
Nada nuevo en nuestros viajes.
😂
Después salimos otra vez hacia las fortificaciones y el puerto.
Kronborg está declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO y durante siglos controló uno de los pasos marítimos más importantes del Báltico, pero lo que probablemente más recuerden Dani y Emma es que estábamos en el castillo de Hamlet y que desde allí podíamos ver Suecia al otro lado del agua.
Y eso también vale.
Después del castillo nos quedamos un rato por Helsingør.
Paseamos por el puerto y por el centro, comimos y volvimos tranquilamente hacia la estación.
Y regreso a Copenhague.
Nuestra siguiente parada fue la Iglesia de Nuestro Salvador, Vor Frelsers Kirke, en Christianshavn.
La torre tiene 400 escalones.
Hasta aquí, bien.
El pequeño detalle es que los últimos 150 están POR FUERA.
😂
La escalera va rodeando en espiral la aguja dorada mientras se va haciendo cada vez más estrecha y tú vas viendo Copenhague desde una altura bastante considerable.
Juanlu y yo seguimos hasta arriba.
Dani y Emma decidieron que ya habían visto suficiente mundo desde las alturas y no llegaron hasta el final.
Y sinceramente, viendo la escalera, decisión perfectamente respetable.
Las vistas desde arriba son espectaculares.
Y como una torre nos había parecido poco...
Nos fuimos después hasta Rundetårn, la Torre Redonda.
Esta vez la subida era bastante más amable: una enorme rampa en espiral que va dando vueltas alrededor del centro de la torre hasta llegar prácticamente arriba.
Después de la experiencia anterior, aquello nos parecía casi un paseo.
Y desde arriba, otra perspectiva completamente distinta de Copenhague.
Día 6. Lunes 21 de septiembre — Hamlet, Helsingør y dos torres sobre Copenhague 🏰
Después de la media maratón de ayer, hoy tocaba seguir haciendo turismo como si mis piernas no tuvieran nada que decir al respecto.
Nuestro plan era salir de Copenhague y acercarnos hasta Helsingør para visitar el castillo de Kronborg.
Rumbo a Helsingør 🚆
Llegamos a Nørreport con intención de coger el tren de las 10:00.
No pudo ser.
Algún problema con los trenes hizo que perdiéramos ese y que el siguiente también fuera acumulando retraso, pero finalmente, sobre las 10:35, conseguimos ponernos en marcha.
Y un rato después llegábamos a Helsingør.
Desde la estación fuimos caminando hacia Kronborg, con el castillo apareciendo poco a poco junto al mar.
Kronborg es uno de esos sitios en los que la ubicación forma parte completamente de la visita. Está prácticamente pegado al estrecho de Øresund y desde allí Suecia parece estar a tiro de piedra.
Y además es el castillo de Hamlet.
Bueno.
Más exactamente, el castillo que Shakespeare convirtió en Elsinore, escenario de Hamlet.
Así que tocaba entrar.
Kronborg, el castillo de Hamlet
Nada nuevo en nuestros viajes.
😂
Después salimos otra vez hacia las fortificaciones y el puerto.
Kronborg está declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO y durante siglos controló uno de los pasos marítimos más importantes del Báltico, pero lo que probablemente más recuerden Dani y Emma es que estábamos en el castillo de Hamlet y que desde allí podíamos ver Suecia al otro lado del agua.
Y eso también vale.
Un paseo por Helsingør
Después del castillo nos quedamos un rato por Helsingør.
Paseamos por el puerto y por el centro, comimos y volvimos tranquilamente hacia la estación.
Y regreso a Copenhague.
La torre que no es apta para gente con vértigo
La torre tiene 400 escalones.
Hasta aquí, bien.
El pequeño detalle es que los últimos 150 están POR FUERA.
😂
La escalera va rodeando en espiral la aguja dorada mientras se va haciendo cada vez más estrecha y tú vas viendo Copenhague desde una altura bastante considerable.
Juanlu y yo seguimos hasta arriba.
Dani y Emma decidieron que ya habían visto suficiente mundo desde las alturas y no llegaron hasta el final.
Y sinceramente, viendo la escalera, decisión perfectamente respetable.
Las vistas desde arriba son espectaculares.
Y como una torre nos había parecido poco...
Rundetårn: la Torre Redonda
Esta vez la subida era bastante más amable: una enorme rampa en espiral que va dando vueltas alrededor del centro de la torre hasta llegar prácticamente arriba.
Después de la experiencia anterior, aquello nos parecía casi un paseo.
Y desde arriba, otra perspectiva completamente distinta de Copenhague.
Dos torres.
Dos formas de subir.
Y bastantes escaleras para alguien que había corrido una media maratón el día anterior.
Pero todavía nos quedaba una pequeña espinita.
Resulta que, estando en Christianshavn, habíamos estado muy cerca de Green George, otro de los trolls de Thomas Dambo, escondido en Christiania.
Y no lo sabíamos.
🤦♀️
Uno más para la lista de cosas que dejamos pendientes.
Porque después de todo, siempre hay que dejar alguna excusa para volver.
Y mañana ya sí: último día en Dinamarca.
Día 7. Martes 22 de septiembre — Un último troll antes de volver a casa 🧌✈️
Última mañana en Dinamarca.
Nuestro vuelo salía a las 15:30, así que teníamos unas horas para aprovechar antes de volver al hotel a recoger las maletas y poner rumbo al aeropuerto.
Y después de LEGO, castillos, una media maratón y varios trolls gigantes, parecía bastante evidente cómo teníamos que terminar este viaje.
Buscando un último troll.
Suttetrolden Sanka 🧌
Lo que no esperábamos era que el troll acabara siendo casi lo de menos.
Sanka está tumbado entre los árboles, en mitad de un parque infantil, y es conocido como el troll de los chupetes porque los niños pueden dejar allí los que ya no utilizan.
Pero alrededor del troll descubrimos uno de esos sitios que jamás habríamos buscado en una guía de Copenhague y que, viajando con niños, resultó ser todo un acierto.
Remiseparken.
El parque que no teníamos previsto
Y nosotros, que simplemente habíamos venido a buscar un troll, acabamos pasando allí buena parte de nuestra última mañana.
Un plan gratuito.
Sin colas.
Sin entradas.
Sin haberlo previsto.
Y con Dani y Emma encantados.
A veces los mejores descubrimientos de los viajes son precisamente esos.
Pero esta vez sí había una hora que no podíamos ignorar.
El avión.
Así que tocó despedirnos de Sanka, volver al hotel a recoger las maletas y poner rumbo al aeropuerto.
Adiós, Dinamarca
Habrá que volver.
Run. Explore. Repeat. 🇩🇰
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