Después de varios días intensos entre parques temáticos, necesitábamos bajar el ritmo. Así descubrimos una cara completamente distinta de Florida: playas tranquilas, pequeños pueblos costeros y unas puestas de sol que terminaron convirtiéndose en uno de los grandes recuerdos del viaje.
Nuestra ruta por el Golfo de México
📍 St. Petersburg y St. Pete Beach
⚾ Partido de los Tampa Bay Rays
🏖️ Turtle Beach y Naples
🐊 Everglades por la carretera 41
🚗 Final de la ruta en Miami
👨👩👧👦 Viaje realizado con niños
Día 15: Piscina, playa... y nuestro primer partido de béisbol
Después de tantos días de madrugones y parques temáticos, hoy tocaba bajar un poco el ritmo.
Como ya empieza a ser tradición en los viajes, yo aproveché para salir a correr un rato antes de que el calor apretara. Después desayunamos tranquilamente en el hotel mientras Dani y Emma disfrutaban de la piscina.
Y aquí llegó una de las anécdotas más surrealistas del viaje.
Mientras estábamos tan tranquilos, apareció un señor que decidió tomar el sol completamente desnudo junto a la piscina. Lo más curioso es que nosotros ni siquiera nos habíamos dado cuenta hasta que un empleado del hotel vino a llamarle la atención. Al final, tras hablar con él un rato, da la impresión de que le invitaron amablemente a abandonar el hotel.
No todos los días se empieza así la mañana.
Después de un buen rato en la piscina nos fuimos a St. Pete Beach.
La playa nos pareció muy bonita y bastante tranquila. Es verdad que el agua no era tan cristalina como esperábamos, pero el entorno es muy agradable y tiene ese aire relajado de la costa del Golfo de México.
Lo único menos agradable fue el aparcamiento. En esa zona cuesta alrededor de 4 dólares la hora, así que conviene tenerlo en cuenta si vais a pasar allí bastante tiempo.
Sobre las cuatro y media volvimos al hotel con la idea de darnos otro baño antes de ir al béisbol.
Y sí... nos bañamos.
Pero bajo la lluvia.
Como ya habíamos comprobado durante el viaje, en Florida las tormentas aparecen y desaparecen casi sin avisar.
Después de cambiarnos pusimos rumbo al estadio para vivir otro de esos momentos que nos hacía ilusión desde que empezamos a organizar el viaje: asistir a un partido de la MLB.
Aparcamos muy cerca, justo detrás del parking oficial, y fue toda una suerte.
Lo descubrimos unos minutos después.
Cuando ya estábamos entrando, nos dimos cuenta de que no permiten acceder al estadio con mochilas. Así que Juanlu tuvo que volver corriendo al coche para dejarla allí.
Gracias a que habíamos aparcado tan cerca solo nos perdimos los primeros minutos del partido. Si hubo himno nacional, nos lo perdimos.
Era nuestro primer partido de béisbol y, aunque al principio cuesta entender algunas reglas, lo cierto es que nos resultó mucho más entretenido de lo que esperábamos.
Además, los Tampa Bay Rays ganaron el partido, así que mejor imposible.
Y entonces llegó otro de esos pequeños momentos que hacen especial un viaje.
Mientras subíamos en el ascensor habíamos comentado con una señora que era el primer partido de béisbol de los niños.
Un rato después apareció buscándonos expresamente para regalarles una chapa conmemorativa.
A Dani y Emma les hizo muchísima ilusión y a nosotros nos pareció un detalle precioso.
Eso sí, una cosa nos quedó clara.
Las entradas para el partido nos parecieron bastante económicas.
Comer dentro del estadio... ya es otra historia.
Una simple botella de agua costaba unos 6 dólares y, además, era prácticamente lo único que permitían entrar desde fuera.
Después del partido volvimos al hotel, terminamos de cenar con algunas cosas que nos quedaban de la compra y nos fuimos a dormir.
Había sido un día mucho más tranquilo que los anteriores, pero también uno de esos días que acaban dejando muy buenos recuerdos.
Al terminar el día...
Si tuviéramos que quedarnos con tres momentos serían:
⭐ El detalle de la señora que regaló las chapas a los niños.
⭐ Vivir nuestro primer partido de béisbol.
⭐ La tranquilidad de St. Pete Beach.
Nuestro consejo
Si vais a un partido de la MLB, comprobad antes qué objetos podéis introducir en el estadio. Nosotros no sabíamos que no admitían mochilas y nos tocó volver corriendo al coche.
Día 16 y 17: Naples, los Everglades y la vuelta a casa
Nos despertamos en St. Petersburg sabiendo que el viaje empezaba a entrar en su recta final.
Después de desayunar tranquilamente junto a la piscina del hotel, pusimos rumbo al sur de Florida. Nuestra primera parada estaba aproximadamente a hora y media de camino: Turtle Beach.
Habíamos leído que entre mayo y octubre muchas tortugas marinas eligen esta playa para poner sus huevos y nos hacía ilusión tener la suerte de ver alguna.
Spoiler: no hubo suerte.
Ni rastro de las tortugas.
Aun así, la playa merece la visita. Es tranquila, bastante solitaria y muy agradable para pasar un rato. Eso sí, el agua volvía a ser algo menos cristalina de lo que imaginábamos y la profundidad aumenta bastante rápido.
Estuvimos jugando un buen rato en la arena antes de continuar el viaje.
Como por la zona no encontramos ningún sitio que nos convenciera para comer, seguimos camino hacia Naples e hicimos una parada por el camino.
La siguiente visita no estaba precisamente en ninguna guía turística.
Nos acercamos a un outlet que estaba a unos treinta minutos del hotel para cambiar una compra y aprovechar para comprar los últimos regalos del viaje.
Y ahora sí, pusimos rumbo a Naples.
Lo primero que hicimos fue acercarnos a la playa, junto al parque Lowdermilk.
Nos gustó muchísimo.
Era una playa muy cuidada, amplia y con un ambiente muy tranquilo. Además, llegamos justo a tiempo para disfrutar del atardecer.
Nos gustó tanto que decidimos volver a la mañana siguiente antes de marcharnos definitivamente hacia Miami.
Para terminar el día cenamos justo enfrente del hotel, en Harold's Place.
Y aquí sí que tenemos un ganador.
Probablemente fueron las hamburguesas más ricas de todo el viaje.
Después de cenar tocó empezar a recoger un poco las maletas.
Era imposible no pensar que las vacaciones estaban llegando a su fin.
Último día
Aunque era el último día, todavía nos quedaban muchas horas por delante y pensábamos aprovecharlas.
Como casi todos los días del viaje, yo salí a correr un rato antes de desayunar.
Después desayunamos junto a la piscina mientras los niños hacían una última escapada para darse un baño antes de marcharnos.
Con todo ya recogido dejamos el hotel y volvimos a Lowdermilk Beach para despedirnos del Golfo de México con un último baño.
Fue todo un acierto.
Con el buen recuerdo del día anterior, disfrutamos muchísimo de ese último rato de playa.
Con bastante pena llegó el momento de poner rumbo a Miami.
En lugar de ir por la autopista decidimos cruzar los Everglades por la carretera 41.
A mitad de camino hicimos una parada en Oasis Visitor Center.
En una pequeña pasarela vimos enseguida dos caimanes.
Uno descansaba tranquilamente en la orilla mientras el otro nadaba muy despacio.
No hizo falta caminar mucho para encontrarlos.
Aprovechamos para comer allí mismo e intentamos recorrer algún sendero, aunque no estaban demasiado bien acondicionados.
También valoramos desviarnos hasta Shark Valley, pero al hacer cuentas vimos que, entre pagar la entrada del parque y el poco tiempo del que disponíamos, no nos compensaba.
Así que continuamos directamente hacia Miami.
Todavía nos quedaba una última misión.
Devolver el coche.
Llegamos a la "cueva de los piratas", como ya la llamaban los niños, e hicimos una última parada en una gasolinera para llenar el depósito.
Por suerte no tuvimos que echar mucho combustible porque el precio allí era aproximadamente un dólar y medio por galón más caro que en las gasolineras donde habíamos repostado durante el viaje.
Devolvimos el coche sin ningún problema, dejamos las llaves y el autobús lanzadera nos llevó directamente al aeropuerto.
Como todavía nos sobraba bastante tiempo antes del vuelo, descubrimos una zona infantil muy curiosa dentro del aeropuerto.
Tenía un simulador de vuelo y una torre de control bastante realista donde Dani y Emma estuvieron entretenidos un buen rato.
Fue una forma estupenda de terminar el viaje.
Picamos algo a modo de merienda-cena, nos acercamos a la puerta de embarque...
...y llegó el momento de volver a casa.
Con pena, porque las vacaciones habían pasado volando.
Pero también con la sensación de haber aprovechado muchísimo estos diecisiete días.
Al terminar el viaje...
Si tuviéramos que elegir tres recuerdos de Florida serían:
⭐ Los parques Disney.
⭐ El crucero por Bahamas.
⭐ Los pequeños momentos que no aparecen en las guías: el partido de béisbol, las hamburguesas de Naples, los caimanes de los Everglades o aquel rato en la playa antes de volver a casa.
¿Cambiaríamos algo?
Muy pocas cosas.
Quizá añadiríamos algún día más para disfrutar con calma de la costa oeste de Florida, porque nos sorprendió mucho más de lo que esperábamos.
Nuestro consejo
Si el vuelo de vuelta sale desde Miami y tenéis tiempo, merece la pena cruzar los Everglades por la carretera 41 en lugar de ir por la autopista. No hace falta invertir muchas horas para ver algún caimán y poner un broche diferente al viaje.
Si quieres ver más sobre nuestro viaje:
























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